La arquitectura entramada de San Martín de Trevejo guarda secretos de piedra, madera y forja. O sitiu perfectu pa perdelti y sintil a calma, imaginandu o bo viñu que se guarda tras os murus.
“Siempre es conmovedor el ocaso por indigente o charro que sea, pero más conmovedor todavía es aquel brillo desesperado y final que herrumbra la llanura cuando el sol último se ha hundido. Nos duele sostener esa luz tirante y distinta, esa alucinación que impone al espacio el unánime miedo de la sombra y que cesa de golpe cuando notamos su falsía, como cesan los sueños cuando sabemos que soñamos”.
(Jorge Luis Borges)
Hay atardeceres que además del cielo... tiñen el alma.
En el silencio, el día se despide con elegancia.
Y el reflejo nos recuerda que lo hermoso también se desvanece... pero regresa.
A amistai en Sa Martín de Trevellu é refugiu y acullía. O visitanti se convirti en amigu, y o amigu, en familia. En cá salú, en ca gestu, se sinti a hospitaliai de un lugal que acolli sinceramenti. A plaza y as callis son escenarius de encontrus espontáneus, de conversaciós que se estirixhan en as pichorras o debaixu da sombra dos castañus y de rishas que se mixturan con o aroma do pan redén feitu. En Sa Martín, a amistai é un lazu invisibli que uni a tós: unha promesa de compañía y apoyu incondicional.
O bó viñu é a alma liquida de Sa Martín de Trevellu, non por cashualiai antañu se chamaba Sa Martín dos Viñus. En as pichorras centenarias, o mostu redén feitu reposa y se trasforma, enchendu o airi de aromas profundus y promesas de celebraciós. Compartil un vashu de viñu é abril a porta a amistai, a charla pausá y a aligría sincilla das coixhas ben feitas. As viñas, cultivás con esmeru y amol, é simbolu de paciencia y tradición; ca coshecha, unha festa que uni generaciós. Aquí, o viñu se brinda, se honra, se comparti y se convirti en memoria viva da Terra.
Esta puerta no es perfecta. Su madera está agrietada, su pintura inexistente, y el metal con el que un día intentaron repararla se ha oxidado. Pero es ahí, sin lugar a dudas, en todas sus imperfecciones, donde reside su auténtica belleza.
Cada grieta, cual cicatriz, cuenta, para quien quiera escuchar, una historia pasada, y cada mancha de óxido es prueba de los años que ha resistido. Su belleza no es pulida ni artificial, como la que se persigue hoy en un mundo que idolatra la perfección, es una belleza natural, consecuencia del paso del tiempo y también, en ocasiones, por crueldad de la vida.
Y al igual que esta puerta, son nuestras cicatrices e imperfecciones las que nos dan carácter y las que, sin duda, nos conectan con la realidad. Sin embargo, a menudo nos empeñamos en buscar una perfección inalcanzable, cuando lo valioso verdaderamente es aprender a ver y aceptar esa belleza imperfecta que cada uno de nosotros lleva dentro.
(Xálima)
Foto: La Puerta del Olvido y la Memoria
Momento musical: Hasta La Raíz - Natalia Lafourcade
Y el huerto con todos sus manjares, olores y sabores
Que mi padre labraba, artesano del surco.
Escultor del manzano y de la higuera.
Sabio en su oficio, dueño de la hazada y la guadaña
Gigante humano domando la tierra
Era el tiempo de la era y de la trilla.
Campanas y cigüeñas. Paraíso del pobre.
Pan y espigas
Era el tiempo del trino y el jilguero
Cantaor de coplas, ruiseñor de sueños
Era el tiempo de la radio y de los rezos
De las tristes procesiones para muertos
De los muertos tan cercanos a la era
De los lobos y bandidos por la sierra
Era el tiempo de los juegos en pandilla
De la comba, de la piedra,
Del pinchete, de la pídola
Y el verano, como un año al sol entero
Con siestas en la manta por el suelo
Era el tiempo de la madre y sus caricias
De su dulce voz, de sus ojos dulces,
De su tierna risa
Del abuelo y su secreto de tristeza
Que ahogaba cada noche con vino de taberna
Era el tiempo de la pana y los remiendos
Del café de estraperlo,
De la sopa de tomate y de patata
Del pecado que mata.
Del miedo, del castigo y del perdón
Era el tiempo de temer a Dios”.
(Luís Pastor)
Hoy he tenido la inmensa fortuna de encontrarme con este poema del extremeño Luis Pastor. No se puede recrear nuestro pasado de manera más bella, pasear por lo que era nuestra tierra allá por los años 50.
Aunque yo esos años no los viví personalmente, sí he oído muchas historias a mis mayores y este poema, me parece sublime!!
Y vaya dedicado desde aquí, a nuestros padres, abuelos y demás extremeñ@s que vivieron en esa Extremadura.