La arquitectura entramada de San Martín de Trevejo guarda secretos de piedra, madera y forja. O sitiu perfectu pa perdelti y sintil a calma, imaginandu o bo viñu que se guarda tras os murus.
“Siempre es conmovedor el ocaso por indigente o charro que sea, pero más conmovedor todavía es aquel brillo desesperado y final que herrumbra la llanura cuando el sol último se ha hundido. Nos duele sostener esa luz tirante y distinta, esa alucinación que impone al espacio el unánime miedo de la sombra y que cesa de golpe cuando notamos su falsía, como cesan los sueños cuando sabemos que soñamos”.
(Jorge Luis Borges)
Hay atardeceres que además del cielo... tiñen el alma.
En el silencio, el día se despide con elegancia.
Y el reflejo nos recuerda que lo hermoso también se desvanece... pero regresa.
O tipismu de Sa Martín de Trevellu se respira en ca rincón: en a arquitectura de suas cashas de peira y maeira, en os balcós floríus, en os portais que guardan secretus centenarius. Pero tamén vivi en “a fala”, lengua propia que distingui y enorgulleci, en as festas popularis, en as tradiciós que se trasmitin de generación en generación.
Paseal por suas callis é viaixhal en o tempu, descubril a autenticiai de un lugal que ha sabíu conserval sua esencia y que invita ao visitanti a formal parti da sua historia.
El tipismo de San Martín de Trevejo se respira en cada rincón: en la arquitectura de sus casas de piedra y madera, en los balcones floridos, en los portales que guardan secretos centenarios. Pero también vive en “a fala”, la lengua propia que distingue y enorgullece, en las fiestas populares, en las tradiciones que se transmiten de generación en generación. Pasear por sus calles es viajar en el tiempo, descubrir la autenticidad de un pueblo que ha sabido conservar su esencia y que invita al visitante a formar parte de su historia.