“Siempre es conmovedor el ocaso por indigente o charro que sea, pero más conmovedor todavía es aquel brillo desesperado y final que herrumbra la llanura cuando el sol último se ha hundido. Nos duele sostener esa luz tirante y distinta, esa alucinación que impone al espacio el unánime miedo de la sombra y que cesa de golpe cuando notamos su falsía, como cesan los sueños cuando sabemos que soñamos”.
(Jorge Luis Borges)
Hay atardeceres que además del cielo... tiñen el alma.
En el silencio, el día se despide con elegancia.
Y el reflejo nos recuerda que lo hermoso también se desvanece... pero regresa.