Amigos que vuelven a sus casas.
Conversaciones bajas, risas, algún gesto de manos.
El día se despide sin ruido.
Xálima
Foto: De vuelta a casa
Momento Musical: Sevilla - Vicente Amigo
Amigos que vuelven a sus casas.
Conversaciones bajas, risas, algún gesto de manos.
El día se despide sin ruido.
Xálima
Foto: De vuelta a casa
Momento Musical: Sevilla - Vicente Amigo
La calle se estrecha y respira.
Las farolas pintan la noche del color de Sevilla.
Los pasos se mezclan con las voces, con los silencios.
Xálima
Foto: Sevilla bajo sus farolas
Momento musical: Night Walk - Ólafur Arnalds
Xálima
Foto: La plaza iluminada
Momento Musical: Fade Into You - Mazzy Star
Sevilla amanece más suave.
Se respira.
Las calles se dejan andar.
La rutina llega, pero no pesa:
camino con ella.
(𝒳á𝓁𝒾𝓂𝒶)
Foto: Despacio
Momento Musical: Sevilla (Suite Española) - Albéniz
Rayos de luz que se filtran entre las antiguas piedras, marcadas por siglos de vivencias, de pasos y rezos.
La penumbra acecha, las figuras inmóviles guardan silencio y el pavimento se expresa en una paleta infinita.
El mutismo se siente eterno.
(𝒳á𝓁𝒾𝓂𝒶)
"quel gaudio luminoso
del silenzio delle cose,
quella radiosità inattesa
dell’aria, della pietra
e dell’assenza di fogliame…"
(Mario Luzi)
Foto: Colores en las sombras
Momento musical: A Model of the Universe – Jóhann Jóhannsson
Las calles duermen, pero nunca mueren. La farola solitaria que parpadea en la esquina desierta, esa ventana iluminada que quizá delata a un insomne sin rostro absorto en sus pensamientos, el paso lento de un desconocido que resuena como eco de profundos pensamientos. En la noche, la ciudad se desnuda de artificios y muestra su alma.
Pero la noche también es el territorio de los miedos que el día esconde con su luz. En la penumbra, todo lo cercano se convierte en sombra, no solo las cosas, también sucede en la mente: pensamientos que se retuercen, pesadillas recurrentes, rostros queridos en situaciones inciertas, miedo de perder lo que más atesoramos. Y aunque todos los días el sol despierta y el día avanza inexorable, el eco de esos sueños permanece como el sonido incesante de una voz que insiste en seguir susurrándonos.
Hay quienes temen a la noche y la evitan, quienes la ven como un abismo de incertezas e inseguridades. Aun así, la noche no es solo tinieblas. Es el escenario donde nacen los sueños, donde nuestra imaginación no tiene límites y donde las almas inquietas encuentran refugio. Es también escenario de secretos compartidos en voz baja, de encuentros furtivos, de soledades que se acompañan con el parpadeo lejano de una ciudad que nunca duerme del todo.
Y si el día nos empuja a vivir hacia afuera, la noche nos anima a mirar hacia dentro. Y es en ese juego de luces, sombras, silencios y melodías lejanas e incomprensibles, que descubrimos que esa oscuridad también es vida. La mitad de ella.
(𝒳á𝓁𝒾𝓂𝒶)
Foto: Ecos de la ciudad dormida.
Momento Musical: Landslide - Fleetwood Mac
Sereno, el río Guadalquivir sigue su curso en la tarde bajo los nubarrones de estos días grises, mientras que el alma luminosa de Sevilla brilla con cada rayo de sol que aparece de cuando en cuando…
(𝒳á𝓁𝒾𝓂𝒶)
Foto: Guadalquivir y Torre del Oro
Momento Musical: A Fuoco - Ludovico Einaudi
Otra figura femenina está junto a Venus, ayudándola, sostiéndola, acompañándola en esa continua transformación, como símbolo del apoyo y la fuerza compartida entre mujeres. Las figuras masculinas quedan en segundo plano, como testigos silenciosos.
Hoy, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, esta imagen cobra más relevancia: nos recuerda lo importante que ha sido y es la sororidad, de cómo las mujeres han sabido sostenerse unas a otras a lo largo de la historia, impulsándose en un mundo que muchas veces las ha querido fragmentadas o incompletas.
El nacimiento de esta Venus no es único y perfecto; mas bien es un renacer continuo, una búsqueda constante. Y tal vez, al pararnos frente a ella, podamos reconocernos en nuestra propia transformación, y en la de todas aquellas que nos han ayudado a ser quienes somos.
(Xálima)
Así la vida.
Impredecible, llena de sorpresas y retos, pero con la capacidad de resurgir en los momentos más estériles. Y es en medio de la adversidad donde la belleza puede surgir con los matices más vibrantes y puros, ahora bien, necesitamos aprender a observar, y así poder descubrir lo valioso en lo áspero, la dulzura en lo indómito, la vida en lo que parecía inerte.
(Xálima)
Foto: Higo Chumbo: Resiliencia en el Horizonte
Momento musical: The Climb - Miley Cyrus
Esta puerta no es perfecta. Su madera está agrietada, su pintura inexistente, y el metal con el que un día intentaron repararla se ha oxidado. Pero es ahí, sin lugar a dudas, en todas sus imperfecciones, donde reside su auténtica belleza.
Cada grieta, cual cicatriz, cuenta, para quien quiera escuchar, una historia pasada, y cada mancha de óxido es prueba de los años que ha resistido. Su belleza no es pulida ni artificial, como la que se persigue hoy en un mundo que idolatra la perfección, es una belleza natural, consecuencia del paso del tiempo y también, en ocasiones, por crueldad de la vida.
Y al igual que esta puerta, son nuestras cicatrices e imperfecciones las que nos dan carácter y las que, sin duda, nos conectan con la realidad. Sin embargo, a menudo nos empeñamos en buscar una perfección inalcanzable, cuando lo valioso verdaderamente es aprender a ver y aceptar esa belleza imperfecta que cada uno de nosotros lleva dentro.
(Xálima)
Hay lugares, que al recorrerlos, no solo te atraen visualmente, sino que sientes que tienen alma. San Martín de Trevejo, con sus calles empedradas y rodeadas por casas de piedra, madera y adobe, no solo es un pueblo bonito, que lo es, sino que sientes esa personalidad singular creada generación tras generación.
Aquí, cada rincón tiene un gesto propio: una maceta que resiste el paso de las estaciones, un farol que parece encenderse con historias y no con luz, un balcón que aún conserva los ecos de conversaciones en mañegu, esa lengua tan especial que resiste con orgullo.
No se trata solo de uno de los pueblos más bonitos de España, como así está considerado en dicha guía; es un lugar en el que la vida se manifiesta de manera genuina, donde lo habitual se transforma en lírica: el murmullo del agua fluyendo por los regatos, el olor a leña que arde, el saludo sereno de aquellos que todavía comprenden el valor de mirarse a los ojos.
San Martín de Trevejo no se deja fotografiar sin más; se deja sentir. Y quien lo visita, aunque sea por un instante, se lleva consigo algo más que una imagen.
Considero que mi perspectiva podría no ser completamente imparcial, ya que San Martín de Trevejo es mi “pueblín”, del cual me siento muy orgullosa. Sin embargo, tengo la certeza de que habrá quienes compartan este mismo sentimiento.
(Xálima)
Foto: Rincón con esencia propia en San Martín de Trevejo
Momento musical: As Pontes - Acetre